viernes, 22 de junio de 2007

TECNOLOGIA EN LA EDUCACION.


Muchas y variadas actividades del quehacer educativo en los niveles preescolar, primaria y secundaria podrían apoyarse, para alcanzar sus objetivos educacionales, con el uso de la llamada nueva tecnología. Las actividades que la usan menos, que son la mayoría, son precisamente las educativas y pedagógicas.

El aula virtual permite que cualquier persona, mediante la computadora y cualquier software apropiado, acceda a manipular, analizar, comprender y sintetizar la gran cantidad de información que estos recursos tecnológicos ponen a su alcance. Basta aceptar que una computadora puede, por su carácter informativo (en algunos casos hasta formativo), apoyar al completo desarrollo del estudiante, aun cuando la guía y orientación para su uso, deberán estar siempre bajo la responsabilidad de un "humano", por lo menos en cuanto a la programación de la secuencia de la información que la computadora proporciona. El punto de partida es, ¿empleamos la tecnología para nuestro beneficio?, cualquier respuesta podrá estar equivocada si no respondemos primero a la pregunta ¿cuándo debemos empezar a usar la tecnología?; el primer cuestionamiento se responde fácilmente con un sí, ya que la tecnología es parte vital en nuestras acciones diarias. Preguntémonos ahora ¿qué beneficio reporta el usar la tecnología ahora?, ¿son más rápidos los eventos y acciones cotidianas con su uso?, ¿existen mejores satisfactores, son éstos de mejor calidad, ha aumentado la producción de los mismos, son relativamente más económicos?, ¿todo ello beneficia culturalmente a la población. La tecnología de los procesos de fabricación sigue siendo extranjera, seguimos formando un pueblo maquilador, si no, basta con preguntarnos, por ejemplo ¿cuándo fue la ultima vez que se intentó estudiar una lengua extranjera y si se concluyó dicho estudio con el dominio de la misma?, ¿cuál será el pretexto a utilizar?: muchas ocupaciones, mucho trabajo, la edad, la responsabilidad de un puesto, ¿cuál? Se debe recordar que las ocupaciones, el trabajo y las responsabilidades llegan paralelas con la edad; si la anterior premisa es cierta y la aceptamos, en la medida que una persona va siendo mayor, menor es el tiempo que puede dedicarle al estudio.

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